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viernes, 24 de junio de 2011

SUPER-MAMMO, historia de un bético

SUPER-MAMMO

       En un país muy lejano, donde todo era un terror para sus habitantes, vivía Mammolillo, un chaval de sólo 13 años, bético y graciosito. Un día, al levantarse, no se levantó de cualquier forma, sino que de un salto, comenzó a volar, como si se tratase de un auténtico ave; él pensaba que estaba soñando pero, después “cogió la maleta a distancia”, ya que al extender la mano, se le vino hacia él y se dio cuenta de que era realidad, no era una alucinación; bajó las escaleras por la barandilla pero al escuchar un ruido fue hacia la cocina (de donde provenía) para hacer el desayuno y su sorpresa fue que cogió a Palanganeision “con las manos en la masa”, pero de una forma terrible: tenía atado a sus padres y a su hermano para hacerlos sufrir con su “Mega-Lanza-Nidos”(fruto de su presidente Del Nido) que los haría morir. Antes habían sufrido con el “Anti-Betis”, que había conseguido Palanganeision en la casa de Del Nido, un amigo de su mismo clan, tan perverso y malvado como su primo Monchitos, director deportivo del actual Sevilla y mano derecha del “presi”. Mammo, al encontrar a Palanganeision cogió el Cillit-Bang-Arrolla-Mierdas dejando muerto en el suelo a Palanganeision, y, seguidamente fue a socorrer a su familia que, rápidamente llegó gracias a su poder de telequinesis al coche, y los llevó al hospital, pero por desgracia, tuvieron poca solución y, a pesar del esfuerzo de los médicos fallecieron los tres. Tras largas horas de desolación, pasaron las semanas y Mammolillo, un día normal como otro cualquiera encontró, asombrado una carta en su escritorio, llena de polvo (que parecía tener mucho tiempo), y que decía: Pequeño tutorial de poderes de Mammolillo el bético y lo firmaba Jesucristo. Abrió la carta y desplegó el cartel que decía:
  • Como ves, tienes ahora unos poderes sorprendentes y eres prácticamente invencible, pero no del todo:
    Puedes volar, tienes telequinesia, también aunque no te hayas dado cuenta, si te concentras y practicas, puedes lograr a tener un grado de fuerza impensable, pero tienes que tener cuidado con los villanos del Sevilla que son muy fuertes y si, el anciano del equipo, “Kanuto”, te mete un balón debajo de las piernas, caerás en una grave enfermedad y acabarás muerto en poquísimos minutos. Ve con cuidado porque te van a amenazar y van a ir a acabar contigo rápidamente e hiriéndote donde más te duele y, con la presencia de estos hombres tendrás otro trabajo aparte: defender a tu pueblo tan querido para tí como es Aracena y también, Sevilla (donde residen los sevillistas y cuidar a los ciudadanos de todo mal), hazles besar el escudo bético y acabarás con la maldad en los palanganas. Es una misión difícil y te costará un poco asimilarlo y ser consciente de tu valor para Aracena y para todo el mundo como dejes a estos hombres causar los problemas que van a causar después de que mi “enemigo”Badú los creó y con el tiempo crearán el caos si nadie especial los para y les hace besar ese escudo tan bonito como el del Betis, que crea pasión e ilusión en todo el mundo que está “centradito”.Créeme, va a ser una experiencia buena. Ayudame a crear un mundo mejor con el Betis por delante.
       PD: No dejes ni de criticar a Lopera ni de ser tan bético como yo.
       Suerte y un abrazo.
       Al ver la carta, quedó patidifuso y notó que había algo dentro...
       -Oh! Un rosario!(gritó Mammo). Que bonito.

       No había terminado de asimilar su cargo como defensor de la Tierra cuando, después de sólo tres días de que encontrara la carta cogió el coche, rumbo a Sevilla y fue a comunicarle al presidente del Betis, don Rafael Gordillo lo que le había pasado. Allí, le comunicó una noticia que Mammolillo no tenía ni idea, debido al momento tan angustiado que pasó durante el verano, y no se enteró:
       -¡Hemos subido a Primera!
       Y el chiquillo, que acababa de cumplir los catorce, se le saltaron las lágrimas y se lo dedicó a su padre, quien estaba llevándolo siempre que podía a ver a el equipo de las trece barras al estadio.
       Entonces, llegó el momento de enseñarle la carta. Gordillo, la vio y le enseñó un rosario idéntico.
       -Me la ha mandado él, hijo mío, ya lo sé todo (dijo).
       -Así me dijo que iba a tener doble trabajo (ironizó Mammo).
       Estuvieron hablando un rato de eso y después Gordillo le iba a dar una sorpresa que no esperaba en ningún momento: Llevarlo a ver a sus ídolos béticos, dándole también un cargo como representante de los jóvenes béticos, haciendo que se viniera al día siguiente con sus abuelas a Sevilla dándole un chalet al lado de terrenos de futbolistas del equipo verdiblanco.
       Mammolillo tenía ganas de guerra y además se enteró de que los cerebro de la trama contra él era cosa de Del Nido y Monchitos. Le dijo a su abuela fugazmente que le sacase las costuras para hacerse su propia equipación del Betis y adueñarse, matando a de la maldad del Sevilla y tomar el control, de la casa sevillista.
Se preveía un día “movidito” y partió con su velocidad de la luz y su equipación a Nervión, sede de los rojiblancos, despidiéndose de sus abuelas porque no tenía certeza de llegar sano y salvo a casa. Cuando llegó interrumpió rápidamente una reunión que se estaba llevando a cabo entre Monchitos y Del Nido, rompiendo la cristalera que rodeaba la oficina y dañando los ojos de los allí presentes. Tuvo una conversación largo y tendido con ellos:
       -¿Por qué me hicisteis sufrir matando a mis personas más queridas, payasos?
       -...(ellos no podían contestar nada).
       En el suelo Mammo le siguió dando una brutal paliza ante sus gritos de perdón. Y, cuando le faltaba nada más ponerles el escudo en la boca, apareció Kanuto, que también estaba citado a esa reunión y sin que Mammolillo lo viese le asestó un “pepinazo” y lo encajó por donde ningún bético e incluso ningún sevillista quisiese que pasase y duró apenas cinco minutos pero más que los dirigentes del Sevilla que “murieron en el acto”.
       Así termina esta historia de un bético que solo luchaba por la justicia en el planeta tierra.

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